El término solastalgia fue acuñado por el filósofo australiano Glenn Albrecht a principios del siglo XXI. Se define como la angustia o tristeza profunda que experimenta una persona o comunidad cuando su entorno, su paisaje o su territorio de pertenencia sufre un deterioro irreversible.
No es la nostalgia de quien se aleja de su tierra, sino el dolor de quien permanece en ella y observa cómo se degrada, pierde su esencia y deja de ofrecer el cobijo emocional que antes proporcionaba.
La solastalgia se ha convertido en una referencia central dentro de los estudios socioambientales, ya que describe un malestar psicosocial ligado a la crisis ecológica y cultural que padecen muchos pueblos. Aplicado al Archipiélago Canario, este concepto adquiere un carácter especialmente doloroso.
Nuestra tierra, antaño orgullo por su biodiversidad única, sus paisajes singulares y su cultura diferenciada, se enfrenta hoy a una transformación acelerada por un urbanismo descontrolado, turistificación masiva, pérdida de suelos agrícolas, presión demográfica insostenible y una creciente dependencia económica que nos convierte en simples espectadores de nuestro propio deterioro.
La sociedad canaria, lejos de reaccionar con firmeza, parece instalada en una suerte de solastalgia colectiva pues percibe la degradación, la asume con resignación y se adapta a la tristeza que produce ver cómo se desfigura el territorio, cómo se encarecen las viviendas hasta expulsar a las nuevas generaciones, cómo el turismo devora recursos básicos como el agua o la energía, y cómo se reduce la soberanía alimentaria hasta niveles ridículos.
Los argumentos son irrefutables:
- Territoriales, cada año se sellan miles de hectáreas de suelo fértil para nuevas infraestructuras que benefician a intereses externos.
- Socioeconómicos, un modelo basado casi en exclusiva en el turismo genera empleo precario, dependencia estructural y limita la diversificación económica.
- Culturales, la identidad canaria se diluye en un mercado global que nos reduce a destino de ocio barato, desconectando a las nuevas generaciones de sus raíces.
- Ambientales, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos reflejan la incapacidad de un modelo de desarrollo insostenible que amenaza el futuro del Archipiélago.
La solastalgia en Canarias se traduce en una sociedad que contempla la herida abierta de su tierra, pero que, atrapada entre la dependencia económica y la falta de un horizonte claro, acepta su destino sin rebelarse. Esta resignación colectiva no es solo un síntoma de tristeza, sino también un obstáculo para el cambio.
El desafío de Canarias no es únicamente ecológico o económico, es también psicológico, cultural y político. Superar la solastalgia implica recuperar la confianza en que es posible cambiar el rumbo, defender el territorio, diversificar la economía y reforzar la identidad cultural. Mientras tanto, el riesgo es que la sociedad canaria continúe anestesiada, aceptando como irremediable la pérdida de lo que más debería proteger, su tierra, su cultura y su futuro.